España ha iniciado su programa de defensa más ambicioso. No es un tanque ni un dron, es el cerebro para controlar a las tropas de Europa

España construyó su defensa terrestre mirando hacia fuera, integrándose en programas ajenos y adaptando doctrinas de cuando el tanque simbolizaba poder, disuasión y soberanía industrial. Desde la entrada en la OTAN en 1982 hasta las misiones en los Balcanes, Irak o Afganistán, el Ejército de Tierra fue acumulando experiencia operativa, pero siempre con una constante: la tecnología clave venía de fuera. Hoy, el debate ya no gira en torno a cuántos vehículos tiene, sino a qué papel quiere jugar ahora que la guerra vuelve a cambiar.

Del cañón al código. La experiencia de Ucrania ha terminado de enterrar la idea del carro de combate como una plataforma aislada y autosuficiente, empujando a España a replantear su doctrina terrestre desde la raíz. 

En lugar de invertir en más blindaje y peso, el Ministerio de Defensa ha optado por un salto conceptual: priorizar la información, la conectividad y la velocidad de decisión como factores clave de supervivencia en un campo de batalla “transparente”, saturado de sensores, drones y municiones inteligentes. En ese contexto nace el PAMOV, no como un tanque nuevo ni un dron de combate, sino como el sistema nervioso que debe gobernar todos los que vengan después.

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PAMOV, el cerebro. El programa Sistema de Combate Terrestre Superior, adjudicado a Indra, persigue definir la arquitectura digital del futuro combate acorazado español más allá de 2040. 

Hablamos de una inversión inicial en torno a los 45 millones de euros y un fuerte componente de I+D, uno cuyo objetivo no es fabricar aún plataformas, sino diseñar y madurar los subsistemas que permitirán integrar vehículos tripulados, no tripulados, sensores, armas y mando y control en una única red táctica cooperativa. El carro, por tanto, deja de ser el centro físico del combate para convertirse en un nodo más dentro de un “sistema de sistemas” distribuido.

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INDRA

La nube táctica. Uno de los pilares del PAMOV es la creación de una nube táctica de combate capaz de fusionar en tiempo real la información procedente de sensores embarcados, drones aéreos y terrestres y fuentes externas. 

¿Cómo? Mediante inteligencia artificial, el sistema detecta, clasifica y prioriza amenazas, reduciendo la sobrecarga cognitiva de la tripulación y acelerando la toma de decisiones en entornos de alta presión. La visión 360 grados, apoyada en IA y realidad aumentada, permite “ver a través” del blindaje y recuperar libertad de maniobra frente a la proliferación de drones y municiones merodeadoras.

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Menos toneladas, más plataformas. Plus: las lecciones de Ucrania han puesto en evidencia los límites del crecimiento continuo en peso de los carros de combate, algunos ya cerca de las 80 toneladas, con enormes costes logísticos y restricciones de movilidad. 

En ese sentido, el enfoque de Indra apuesta por distribuir capacidades entre múltiples plataformas más ligeras, muchas de ellas no tripuladas, que operan en equipo con el carro principal. Aquí surgen nombres hoy comunes en la guerra de Ucrania como los UGV y UAS, que avanzarían por delante «asumiendo las misiones más expuestas y actuando como extensores de la capacidad ISTAR», además de reducir (obviamente) los riesgos humanos.

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Modularidad y armas del mañana. El PAMOV se concibe como una arquitectura abierta, modular y escalable, una capaz de integrarse en distintos vehículos presentes y futuros. Esto permite sobre el papel incorporar de forma progresiva nuevas tecnologías, desde sistemas de protección activa avanzada hasta armas de energía dirigida y, en fases más lejanas, incluso futuribles sistemas hipersónicos sin tener que rediseñar toda la plataforma. 

De ahí que se haga hincapié en que la clave no está en el arma concreta, sino en que el sistema sea capaz de gobernarla, coordinarla y explotarla dentro de la red táctica en el momento adecuado.

Soberanía tecnológica. El concepto se va a repetir cada vez más en el viejo continente. En el caso de España, con un 95% de desarrollos nacionales y la participación de pymes, startups, universidades y centros tecnológicos repartidos por varias comunidades autónomas, el PAMOV se plantea como una apuesta estratégica de país. 

Como recordábamos ayer, la nación busca dejar de ser solo un simple comprador o integrador tardío para convertirse en proveedor de tecnología crítica en programas europeos como MARTE y, a largo plazo, el MGCS, buscando estar a la par de Francia y Alemania. El objetivo final es que la aportación española al carro europeo del futuro no sea solo el acero, sino la inteligencia que lo gobierna.

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Otra forma de combatir. Por último y si se quiere, más allá de la tecnología, el impacto del PAMOV apunta sobre todo a doctrinal. Para el Ejército de Tierra supone pasar de plataformas individuales a redes cooperativas, cambiar la forma de mandar, entrenar y operar, y prepararse para escenarios de alta intensidad con menos personal y mayor dependencia del software. 

Desde esa perspectiva, el futuro carro de combate español no se definirá por su calibre ni por su peso, sino por su capacidad de conectar sistemas, dominar la información y decidir más rápido que el adversario.

Imagen | Rheinmetall Defence, Oscar in the middle, Indra

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España ha iniciado su programa de defensa más ambicioso. No es un tanque ni un dron, es el cerebro para controlar a las tropas de Europa

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Miguel Jorge

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